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SMA, 22 y 23 de setiembre 2006 - Reseña realizada por lic. Alejandra Jaliquias - info@casaterra.ws Escribir para una publicación donde se pone en primer plano la grieta, anticipa el tema de este artículo: lo que no está entero, la grieta, la fisura, es una forma de empezar a hablar de aquello que angustia, tema que nos convocó en las Jornadas organizadas por el Colegio de Psicólogos de San Martín de los Andes, para las cuales fue invitada la Lic. Adriana Rubistein. Tomaremos algunas de las puntuaciones que ella hiciera a modo de reseña de esas Jornadas que tuvieron como eje conceptual “la Angustia”. Como seres humanos estamos siempre un poco expuestos a que haya situaciones internas y externas que desencadenen, que produzcan angustia. La ilusión de ese mundo feliz es el paraíso perdido. Soñamos con el paraíso perdido, pero el paraíso se ha perdido. Cuando hay que transitar el apremio de la vida, cuando uno tiene que poner en acto un deseo desde en un proyecto, se encuentra con piedras en el camino. Es imposible que no las haya. Estamos expuestos a un padecimiento y dificultades reales en el camino de sostener nuestros deseos. Y hay personas que no pueden soportar que en ese trayecto haya pérdida, que siempre nos deje una falta, siempre hay un pero en el camino de poder sostener el deseo. La historia de la humanidad, la cultura, nuestro mundo, está construido luchando contra las angustias, vivimos tratando de sobreponernos a eso. La perspectiva que el psicoanálisis le da a la angustia, y todo el estatuto que tiene dentro de la condición humana como tal, no es nueva. A veces en lugar de enfrentarse con las condiciones de malestar, alguien se emborracha o se droga. Encuentra en la ilusión de un disfrute momentáneo la expectativa de no tener que confrontarse con eso que duele. Siempre hay un punto de pérdida “no es todo lo que quisiera”. Los objetos de consumo, la droga, ciertas salidas violentas, son modos de no enfrentarse con lo que no se puede. Frente a eso real, lo que queda por fuera del sentido y del campo simbólico, uno puede dejarse invadir por la angustia, deprimirse, enfermarse, llenarse de rencor. Cuando uno hurga en lo que esas conductas tapan, se encuentra con límites, con situaciones insoportables. Muchas veces jóvenes recurren a drogas para animarse a enfrentarse con el otro sexo. La angustia es una señal, cuando uno se angustia está despierto por algo que le duele, está la oportunidad de ubicar por qué responde de esa manera, qué lo lleva a responder, y encontrar algún modo de virar de respuesta. No se trata de algo que haya que entender rápidamente como un trastorno, como una enfermedad, como una disfunción que hay que sacar rápido. Desde la perspectiva del psicoanálisis, proponemos considerarla una respuesta del sujeto, que está vivo, y tratar de entender frente a qué se produce la angustia, o la fobia o el rencor, que constituyen un padecimiento muy grande. La angustia no engaña, hay que entender qué es eso que desencadena en determinado momento la angustia, para poder intervenir en la respuesta del sujeto. ¿Qué respuestas subjetivas armamos frente a aquello que se nos escapa? Vamos construyendo personajes que simultáneamente ocultan y desenmascaran que hay algo por fuera de ellos. Eso que lo excede, para lo cual no hay palabra que lo abarque, en psicoanálisis lo llamamos real . Lo real toma distintos nombres tanto en Freud como en Lacan, pero hay una constante: se sitúa por fuera del significante. Pongamos como ejemplo la muerte: Pasamos a ser un objeto. El cuerpo muere, pasa a ser un resto, ¿dónde está el sujeto allí? En descomposición, es insoportable. Es imposible significar la propia muerte. Es una de las figuras del objeto. Aparece lo que está ligado al deterioro del cuerpo, y la angustia que eso produce. El objeto que soy me exilia de mi subjetividad, son condiciones y momentos privilegiados de la angustia. Muchas consultas llegan donde aparece la angustia. Sea cual fuere la forma en que se presenta, siempre tiene algo de las pérdidas de las referencias, algo se descompleta, la imagen no alcanza para encontrarnos en ese espejo. Soportar la caída de la imagen habla de encontrar el modo de arreglárselas para soportar la castración real: No creyendo que todo lo que somos están en el sostenimiento de la imagen que responde al Ideal. La angustia aparece como momento de vacilación fantasmática. Así como cuando el Yo vacila, y se está fuera de las condiciones de referencia, donde se sale del lugar donde es alguien y pasar a ser anónimo, pasa a no tener ningún marco donde pueda encontrarse. Ya sea que quede como resto de una operación simbólica, o que no llegue a entrar en lo simbólico, siempre tiene un efecto de trauma, un exceso, que está referido a lo que no se puede ligar, como decía Freud en “Mas allá del principio de placer”, y frente a lo cual el sujeto se protege con una barrera de lenguaje. Lo que no tiene significante provoca h orror; es el objeto de angustia por excelencia. Este real (el cuerpo, la muerte), no engaña. Hay una certeza en la angustia que es un punto de orientación para la cura, en relación a lo que engaña y lo que no engaña, y permite abrir la vía del acto como solución frente a ella. Qué es el acto? Implica una transformación. Poder actuar, transformar la insatisfacción en una acción, es encontrarle una torsión: no necesariamente de desconocer, (vía de la neurosis), sino transformar esa insatisfacción en causa de un acto. En la orientación de la cura se verifica, que la posibilidad del acto reduce la angustia. El desafío es como a ayudar a que ese momento de extremo padecimiento encuentre alguna salida. Reducir esa angustia, modificar esa fobia, producir un alivio. Mucha gente detiene el acto porque tomar el riesgo de hacer es sin garantía. Soportar algo sin garantías es angustiante. En cada solución está el riesgo de que la situación no sea perfecta y habrá que cambiarla. No es enfermedad, es vida. Lo que enferma es creer en el ideal de que uno podría no enfrentarse con eso. Uno quiere encontrar la felicidad, pero son momentos, no un estado permanente. El acto permite enfrentarse con eso, sostener algo más de deseo, un proyecto, encontrar algo que permita transformar esa angustia en algún acto, transformar las condiciones de padecimiento. Para cada situación uno puede decir: “no tengo salida” o tratar de inventarse algo. Sostener un deseo exige una cierta invención y a veces requiere del lazo social. ¿Cuál es la solución mejor para cada uno? No podemos saberla anticipadamente, pero hay momentos de decisión de situaciones que son dolorosas. La posibilidad de sostener un deseo es el mejor remedio para la angustia. |
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